martes

Ni inútil ni mártir

Si voy a la universidad, si me reviento en un antro, si estoy en compañía de alguna hermosa mujer de clase media es muy posible que me provoque pensar en los adelantos que, en materia de “igualdad”, se han hecho. Las medidas de seguridad femenina en el transporte, las guarderías en apoyo a madres solteras, las reformas laborales en materia de género, un sinfín de buenas intenciones. Si hoy existe más apertura laboral para la mujer, por ejemplo, esto no responde a otra causa que una economía fracturada y jodida que una sola fuente de ingreso no podría mantener. La educación de los hijos se sigue pensando como un área exclusivamente femenina (de ahí que pensemos como antinatural, innecesaria o menor, la convivencia real del padre con los hijos en el proceso educativo).

Este tipo de temas: la igualdad o equidad de género, lo femenino y lo masculino en función a sus áreas laborales, etc. Ya no son del todo nuevos, comienzan a encontrar arraigo en la cotidianeidad (de algunos). Las mujeres tienen los mismos derechos, las mujeres tienen las mismas oportunidades, ¿pero tienen las mismas obligaciones?

A mí el tema me causa escalofrío, desde pequeño he vivido rodeado de mujeres, preguntármelo . Tal parece que podemos ver varias ideas de feminidad en una misma época. Para algunas es cómodo colgarse el botón de feminista que otras desprecian profundamente, pues sienten que enfatizar la diferencia ayuda a dividir y radicalizar aún más los puntos de vista.

En algunos círculos la caballerosidad no es sólo un derecho femenino sino una obligación masculina. Hay una diferencia radical entre la cortesía y la caballerosidad. La primera se da entre cualesquiera seres humanos y responde a un gesto de amabilidad práctica, la segunda se refiere a la galantería barata que realizan los hombres como trámite-condena y responde al supuesto de inutilidad del género femenino. No quiero que se me malinterprete, sólo digo que nadie es tan idiota o inútil como para no poder abrir una puerta en condiciones normales.

Hoy más mujeres estudian una carrera profesional, más que antes y más que los hombres. A pesar de esto el desarrollo profesional de algunas sigue funcionando como un buen pretexto para conocer profesionistas para casarse. En el otro extremo están las que sacrifican aspectos erótico-ocio-emocionales con tal de demostrar(se)(nos) lo inteligente, valiosa, y capaz que es pese a ser mujer o por serlo precisamente.

Las hay, mayormente ubicadas desde la propia educación machista, que prefieren el trato de princesas, acostumbradas a la sobreprotección y la dependencia suelen abusar un poco (sólo un poquito) de sus parejas masculinas. Otras, educadas de forma más radical, desprecian cualquier gesto humano que moralmente las comprometa con alguien (no aceptan favores ni de sus madres), entre una y otra lo que radica detrás siempre es el esquema que pese a los esfuerzos de nuestros gobernantes, sigue imperando en nuestro país, un machismo rotundo, cínico y alegrón; De abrir puertas y dar tundas, de anillos de compromiso y cortesías de teibol, de cuida a los niños que regreso al rato. No digo que sean las únicas formas de ser de la mujer en nuestro país, las ciudades, como en todo, nos presentaran a miles de personas muy distintas en su forma de ser, pensar y vivir estos problemas. No así en el grueso de la población, tal vez muchos no lo vemos pero en la mayoría del territorio, en la mayoría de la población la situación de la mujer no ha cambiado en nada. Muchas jóvenes terminan embarazadas antes de cumplir siquiera la mayoría de edad, se casan tempranamente y truncan cualquier otra posibilidad, que dicho sea de paso no hay de otra, fuera de ser “ama de casa”; el hombre aún en su papel de gran proveedor tendrá que fingir contento ante el segundo y tercer retoño, cuentas, crédito e hipotecas después tenemos a dos adolescentes siendo padres de familia. ¿Cómo afectará a la educación en el país?

¿Qué es lo que hace de los hombres unos perfectos patanes calenturientos, despiadados y sin corazón? Encontrarse con princesas pasivas desfallecientes y descerebradas que basan su amor propio en la pareja. Así estamos educados. Es el eterno juego del machismo matriarcal, del tira y jala, del chantaje, la recompensa, la reconciliación.

En nuestro país esta lógica está lejos, lejísimos de desaparecer realmente. Está tan arraigada a lo que consideramos “nuestra cultura y forma de ser”, que veo más fácil que el asta del zócalo capitalino atraiga un trueno y reviva a los aztecas que en algún momento decidamos cambiar; porque claro, no es casualidad que obras como Pedro Páramo nos representen tan bien: la eterna leyenda del M&M (Macho mexicano) nuestra idiosincrasia y visión de mundo está plenamente fundada en los roles culturales que tiene cada género, pues estos afectan las expectativas que cada persona puede hacerse.

El peor enemigo de la mujer en la lucha contra el machismo siempre será la mujer, pues dentro de la lógica machista ella sigue siendo la gran educadora, la que promueve las desigualdades entre los hijos desde temprano: nos enseña que jugar con muñecas es de niñas, que sólo el rosa les queda bien, que los niños no lloran, que las niñas deben verse siempre bonitas y sólo bonitas.

(En ningún momento este artículo pretende redimir o eximir al hombre de su responsabilidad por la existencia del machismo, todo lo contrario, pretende atacar aquello en lo que el autor ve la contribución femenina a éste)