domingo

Oígamos México II

Sí, insisto. No, esto no es con fines patrióticos. Si consumimos cultura hecha y pensada desde aquí tal vez nos volvamos más conscientes de nuestro entorno, tal vez podamos hacernos una idea propia del mundo o ampliemos esa idea. Toda la música cuenta, vibra, suena, pero que no nos la cuenten. Hay que rascarle, buscar hasta encontrar aquello que nos mueva el tuétano. Podemos consumir lo que nos dan envuelto en diamantes, chispitas y papel estaño dorado, podemos oír miles de veces, una tras otra, el mismo discurso de "amor" en boca de la siguiente y la siguiente generación de la academia o de los múltiples "talentos" de Telerisa y seguir pensando que es lo único que suena en este país.

Más música y talento de estas tierras:

Mono Blanco

Han pasado años, generaciones, discos y en pie siguen. Defendiendo lo indefendible, música de folklor que se reinventa, que sigue produciendo, que no le gusta oír las mismas canciones en su jarana, que se quiere salir de esa petrificación cultural de baile de primaria que nos dice de aquí a acá se puede y esto somos, que dice aquí estoy y sigo viva.




Los tepetatles

Banda de oscuros inicios, un sólo disco, el vocalista Alfonso Arau, letras de Carlos Monsiváis (Q.E.P.D.) entre otras figuras importantes de la cultura nacional participando en la construcción del show "Triunfo y aplastamiento del mundo moderno con gran riesgo de Arau y mucho ruido". El grupo de rock mexicano de aquellos tiempos más propositivo y genuinamente genial.




Los xoxhimilcas

En un México de danzón, carpas y clubes aparece un grupo de locos que hacen y deshacen a su antojo las canciones más concurridas. Más información acá



Y sigue la mata dando...

viernes

Turisteo veraniego

Bienvenida sea la estación vacacional. Una vez más uno de los momentos más esperados llegó. Al fin, el agraciado adiós al trabajo o la escuela; al escritorio y el pupitre. Claro, eso si nos va bien con los ahorros o el crédito; si las deudas y los deudores nos dejan respirar un ratito, aunque sea para tomar aire y volver a pedir prestado. Si no, las opciones se reducen. Adiós al coco con ron o ginebra y esa palapa que ya nos hacía ojitos. Ya mejor ni hablar de aquel resort a orillas de exclusivas playas bien soleadas, del hotelito frente a la costa, del hostal cerca de la bahía o de plano acampar en la casa del amigo que vive en el pueblo más próximo al mar. El chiste es ir a la playa: enfrentarse al mar armado con su snorquel y aletas, no olvidar el bloqueador por aquello del cáncer en la piel, la toalla y un buen libro por si la siestecita de medio día y la marca de los lentes en pleno rostro. Pero todo tiene precios de realeza y alcurnia.

En llegando: ¿Ya viste la costa? parece que nos andamos cocinando juntos. Sopa de chilango al mojo de ojo. Cocida al natural, condimentada con la flojera de aquel y ese y este chamaco de ir al baño. Cada porción incluye infaliblemente un buen puñado de grasosos nadadores o mejor, flotadores, pues casi no te puedes mover sin molestar al de al lado. Con una delicada capa de aceite natural en la superficie y uno que otro submarino, tronco o topo bien salado. Se sirve con su guarnición de tías gordas al sol. Este lugar ya da asco y vergüenza ajena. Mejor dejémos Acapulco Agustín que María bonita ya no se acuerda de él y ni quiere acordarse. A fuerza de repetición lo hemos convertido en Delegación chilanga junto a Cuernavaca y zonas circundantes.

¿Pero qué vamos a hacer sin playa? Si yo tuviera lana para irme a Cancún pero...mmm..viendo más cerca este mapa creo hay más costas en el país y ni quién se pare por ahí para ensuciarlas, no se hablé más y dirigamos nuestras botellas, colillas de cigarro y empaques para allá. Colonicemos con bocinas a todo volumen esos rincones olvidados por Dios. Repartamos sabiduría capitalina a diestra y siniestra portándonos mejor que en nuestra amada casa exigiendo lo que nos corresponde como buenos embajadores de chilangópolis: gritemos a cuantos empleados veamos que para eso están, regateemos todo pues no es raro, por más barato que este lo que nos venden, que nos quieran ver la cara de turistas nuestros malintencionados conciudadanos. Pero ¿para qué gastar tanta energía? Mejor nos esperamos a Caletilla o Barra vieja que es mejor malo por conocido que bueno por conocer.

Si el monedero no da para tanto ni modo. A telefonear a los familiares en otros estados (si los tiene), que si yo me vengo para allá después tú para acá, que si es mucha bronca y luego los niños no quieren, que las casetas están caras y la gasolina peor, que el camión cuesta como si fuera avión y este se acerca al costo de un jet. A hacer de tripas corazón y de la azotea un spa. Una sombrilla, un asador, sillas playeras y una cervecita fría acompañada de un buen bisteck. Pero bisteck no se puede con lo caro de la carne y lo extenso de la prole, aunque sea una chuleta y si no, pechuga empanizada. La intención es lo que cuenta.

¿Ver opciones? Para qué nos vamos a otros estados que ahí ni hay nada, puro campo, bosque y frío y a mí no me gusta el frío.A veces me pregunto qué tanto habrá en otros lados que la gente hasta vive ahí. Pura alimaña y peligro. No hay nada allá que no haya aquí, ¿o no? ¡Claro, no es casualidad que un cuarto de nosotros vivamos en estas latitudes si lo tenemos todo! Puro lujo, puro estilo ¡llévelo, llévelo!

Por mensos nos quedamos sin el llaverito con aceite pintado en forma de ballena con el nombre de (Inserte la playa de su elección), ya nos quedamos sin el separador de cuero pirograbado de (inserte el nombre del pueblo que prefiera), sin la pirámide de cristal de (inserte sitio arqueológico de su preferencia), sin el cenicero, el sol azteca y la playera, la dichosa, bendita y necesaria playera que hará juego con la pancita, la barbacoa y la trompa. Ya sin baratijas para llenar el librero (que nunca ha visto ni la sombra de un libro) tendremos que contentarnos con pasarle un trapo y reacomodar las figuras de porcelana o contar los mosaicos del baño.

Tanto que ver y hacer y nosotros ni nos enteramos, ya me harté de lo mesmo y lo mismo. Vámonos a Oaxaca, Chiapas, Sonora, Nuevo León, Veracruz. Debe haber algo, lo que sea, aunque sea la violencia en las calles, aunque sea la misma costra de chapopote y gris por todos lados, aunque sea la pobreza saltándonos a la cara. Hay que buscarle, rasquemos cada rincón de este país hasta arrancarle sus colores. ¿Y si nos duelen, y si nos gustan? Nadie nos quitará lo bailado.

Pero no, no se va a poder. ¿Vacaciones? ¿Cuáles vacaciones?, que a mí me falta un buen rato de chamba para juntar días no laborales, en una de esas los pego a un puente y vámonos, pero ¿a dónde? Que es la misma historia.. A seguir chambeando que hay que corretear la chuleta. Ya nos veremos las caras en las playas "carnaleras" a mitad de la calle. De menos nos queda el fin de semana; viernes cheleros, sábados de cruda, domingo de fútbol y repetimos.

¿Visitar la ciudad? Yo no visito lo que ya conozco. La ciudad ni es tan grande, me la sé de pies a cabeza como la palma de mi mano, toda igual. Que el chapultepecazo, que el xochimilcazo y para de contar. Dieciséis delegaciones para nada. Ni museos, ni parques, ni templos, ni teatros, ni nada. Nomás no hay.

De repente la ciudad está más vacía y aburrida sin sus tumúltos y muchedumbres. Uno aburrido y sin qué hacer. En una de esas aceitar las puertas que ya rechinan más fuerte que los niños chillando por sus vacaciones chilangas. Limpiemos las ventanas que ya entra la luz toda filtrada. Una manita de pintura para la fachada que ya volvieron a rayar, o podemos reacomodar la sala, descubrir los oscuros secretos de abajo del sillón. Mira, el llavero que compré en Malinalco, el arete perdido y con toda esta morraya me alcanza para unas papitas. Los mismos programas de siempre y todo aburrido.