jueves

Buenas maneras, mejores orgasmos: El autor se deschaveta o la fantástica aventura de un frito errabundo


Prólogo


"La dignidad y el decoro exigen de nosotros que procuremos no llamar la atención de nadie antes ni después de entregarnos à aquellos actos que, por más naturales é indispensables que sean, tienen ó pueden tener en sí algo de repugnante."


Capítulo I


Comienza la fiesta, los invitados pasan y toman asiento en el rincón más acogedor que encuentran. Durante algún rato más vienen y van, llegan y se instalan, compran algunas chelas o pomos y la música comienza.

(suena Train in vain- The clash)

Algún amigo ebrio probablemente rompa aquella porcelana tan linda que compró la abuelita en la mercería que ya cerraron hace veinte años, la que representa a una tierna niña sentada a la orilla de un arroyo con una caña de pescar junta a una anormal rana de ojos saltones, la que ya se cae hacia el charco de inmundicia fiestera: cerveza, mugre y sudor de alcohólico.

Ahora sí, la fiesta ha empezado.


Capítulo II


La fila del baño crece a cada trago. La señorita que recién entró tuvo que desempeñar un papel un tanto inconveniente pero totalmente necesario. Alguien vomitó en el lavabo, alguien rompió la cortina, alguien se robó la pasta de dientes, el jabón está lleno de pelos pero nadie se ha bañado.

Afuera los invitados ansiosos por mover el bote disponen algunas canciones para ello (suena Love shack - The b-52's), ante este tipo de situaciones Carreño recomienda al anfitrión:

"Cuando se invita para un baile, debe tenerse un cuidado especialísimo de que, entre las personas que estén en capacidad de bailar, no haya de encontrarse un mayor número de señoras que de caballeros. Y como puede suceder que las excusas, ó cualesquiera otros accidentes que no puedan preverse, vengan á producir este resultado, deberá invitarse siempre mayor número de caballeros que de señoras."

El amigo Carreño, cual profeta en hongos, dibuja en las arenas de lo eterno la proyección de las acciones futuras. Desde su habitación en el claustro logra vaticinar aquella fiesta de cumpleaños de Juan X. Atónito por el estilo dancístico de la juventud de días futuros decide retirarse a dormir. No lo entiende, esa desproporción funesta entre mujeres y hombres, aquella reunión tan llena de vicios pero sobre todo una fiesta sin mesa ni banquetes, ni manteles, ni modales.


Capítulo III


La banda está borracha. Algunos fueron a que Martín les pagara; otros, yacen tendidos sobre el campo de batalla junto a los envases, ya sin balas, ya sin conocimiento. Las pocas féminas que se mantienen en pie son asediadas por desesperados enjambres de hombres-topo que tratan de alcanzar galardón subiendo por las columnas marmóreas de sus piernas.

Uno de tantos fritos ve a lo lejos la escena. Se imagina a un grupo de monos tratando de alcanzar la última fruta de aquél árbol, la de hasta arriba, la inalcanzable. De pronto sus ojos parecen engañarle. Salidas de la nada, un grupo de ninfas recorre los valles etílicos con los senos descubiertos en busca de amor. Escogen a sus respectivas parejas y ahí mismo, a la vista del mundo, comienza la orgía más cerda y desenfrenada que la mente perturbada de cualquier puber haya podido imaginar jamás.

El lubricante corre por litros y las penetraciones no se hacen esperar. Dado el entusiasmo changuíl la acción dura al rededor de quince minutos. Jadeos y espumaredas, cigarros postcoitales.

(Suena Only they know they're robots- Mr. Bungle, aparece un hombre en armadura medieval se acerca a uno de los hombres desnudos y lo golpea con un pollo de goma)


Capítulo IV


El frito vuelve en sí después de la alucinación tremebunda. Lo sabía desde el principio, una escena así no podía ser sino el resultado de altas dosis de cócteles psicotrópicos. Intenta levantarse inútilmente. Su cabeza descansa sobre las mochilas de los compañeros que lo ven desde un rincón. Todos parecen entretenidos. Nuestro frito amigo ha inaugurado un circo en sus pantalones desde hace algunas horas, los demás se limitaron a escuchar sus aullidos, gemidos e imprecaciones.

Se termina la fiesta. El frito logra escapar por un momento de las burlas y aprovecha para huir a casa. Es un domingo en la mañana y el mundo está parado. Toma asiento a la mitad del vagón vacío. Sólo por descansar los ojos recorre una y otra vez la línea de terminal a terminal dos veces. Al despertar encuentra una hoja de papel doblada, no hay título ni autor. En ella se lee:

"Vale la pena decir, para todas aquellas como usted que aún sienten reservas en cuanto a ayudar a los esposos o amantes y compartir sus impúdicos y lascivos ensueños, que no hay hombre cuya personalidad sexual (lo admita o no) no tenga caprichos poco comunes. En toda la historia, hombres cuyo récord de servicios públicos e integridad social han estado fuera de cuestión, tuvieron gustos eróticos privados que harían verse al Márques de Sade como un Tom Sawyer. El tener deseos sexuales fuera de lo común no es un baldón de debilidad o corrupción mayor que el tener gustos poco comunes en alimentos, vinos, música o pasatiempos. Es tiempo de que dejemos de pensar en el sexo como un 'instinto bajo' y empecemos a cultivarlo como una de las cosas realmente excitantes y satisfactorias que dos personas puedan compartir. Si su hombre tiene una fantasía 'deviant' (desviada), ello demuestra simplemente que tiene una mente sexual propia y deberá usted alegrarse. La alternativa es hacer el amor en la misma posición en que lo hizo anoche, durante cuarenta años, y a ver que pasa."

El frito rasca su cabeza pues al igual que usted estimado lector no entendió nada.


Epílogo


"A la hora señalada para la reunión, los doloridos que han de acompañar al féretro se situarán en la pieza donde éste se encuentre, y allí permanecerán hasta el momento de la salida.



2 comentarios:

  1. jajaja, ninfas! Esa banda tan fantasiosa... Te reto a que postees algo sexless!

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  2. Ya postee muchas cosas sexless lo juro!!! pero ya solo quedan como una o dos entradas de esta serie.

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