viernes

Buenas maneras, mejores orgasmos: Al final

Hasta ahora ¿qué diantres hemos aprendido?, podríamos decir que un par de buenos modales o, tal vez, un par de trucos nuevos. Quizá se han puesto sobre la mesa algunos aspectos de las prácticas sexuales más veladas o reprimidas, las más escandalosas y llamativas. Pero seguro que no aprendimos nada, después de todo, nada había que enseñar.

Es claro que las personas se han desecho de toda clase de consideraciones exageradas hacia el otro, más si estas se fundamentan en el prestigio social y una elevada autoestima antropocéntrica. De la misma forma me queda claro que las personas viven su sexualidad de manera sana y creativa, sin temor a sus cuerpos o a los de otros, sin prejuicios y siendo honestos consigo mismos.....aunque, pensándolo bien, creo que es tristemente lo contrario.

Angel Smith se despide con la siguiente reflexión:

"Cualquier acto erótico realizado con intimidad y con amor, tiene su dignidad propia."

Es claro que ciertas configuraciones culturales que arrastramos, prejuicios al por mayor, campañas que logran el miedo y no la conciencia aunadas a una pésima si no es que inexistente educación sexual nos han conducido al desconocimiento total de nuestras capacidades eróticas, por otro lado, la exacerbación plástica y superflua de estás mismas nos han conducido a la pornografización de nuestra sexualidad. Una versión plástica y ligth dentro de su supuesta rudeza, pero ese es otro cuento.

Si bien no siempre me enuentro de acuerdo con Carreño hay algunas reglas que no me parecen totalmente erróneas pues buscan evitar conflictos innecesarios. Aún así, sigo pensando que su manual de buenas maneras es una hipertrofia de los pactos que originaron las sociedades. Es claro que nadie podría valerse solo frente al mundo, que el hombre necesita de los otros y que su convivencia con esos otros requiere de cierta regulación que le permita una interacción sana pero una cosa es comer con las manos, otra con cubiertos y otra con cubiertos especiales para esa precisa comida en ese preciso momento del día en esa precisa época del año.

Él se despide con esta:

"Es extraordinariamente incivil el situarse por detrás de una persona que está leyendo, con el objeto de fijar la vista en el mismo libro ó papel en que ella lee."

Sin alegatos.

Espero las anteriores entradas hayan sido agradables, entretenidas, dignas de crítica y corrección, perjudiciales, emocionantes, aburridas o algo para quien sea que las haya leído. En verdad comienzo a pensar que no tengo lectores en absoluto, de tenerlos, me preocupa su evidente mutismo.

Enigüey-güey, cuando se enfrente a un flirteo, cuando se halle a solas con su pareja, cuando tenga esa hambre sexual, sea sincero consigo mismo, asegúrese de platicarlo larga y tendidamente, comuníquese verbal, corporal y lingüísticamente. Antes de decidir quitar o no aquél abrigo, desabrochar esos botones, bajar ese cierre; antes de desplegar una escalera de besos por el cuello, de mantener sus manos torpemente inmóviles, de acariciar esa espalda; Antes del guácala, del fuchi o del que asco; Antes de los multiples "y si...", antes de todo aquello, tome sus precauciones, conózcase sin miedo y sobre todo, hágase la pregunta ¿Buenas maneras o mejores orgasmos?

2 comentarios:

  1. Pues sí. Cada sociedad tiene sus reglas de convivencia, ¿qué no? Y reglas sexuales de convivencia, pff, hay muchas. Pero si la sociedad fuera diferente, las reglas de seguro también serían otras.
    Yo voto por reglas entre dos nada más -entre los dos involucrados, pues... o entre tres o cuatro, o reglas orgiásticas incluso-, pero reglas que permitan el conocimiento y la exploración de la libertad, de la existencia, del ser y estar y amar y blah. Yo voy por lo que dice papá Cortázar: "que el placer que juntos inventamos sea otro signo de la libertad".

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  2. En mi opinión, ésta es la mejor entrada de la serie. Nuesta estructura cultural está hecha de tabúes. El primero fue la prohibición del incesto, ¿por qué?, por razones de supervivencia. Si los 20 pelados de la tribu A, sólo hubieran procreado con sus mujeres, la tribu hubiera terminado por desaparecer. Por eso tuvieron que secuestrar a las mujeres de la tribu B; y la B, las de la C... e imponer la prohibición del incesto. Luego nacieron otras convenciones sexuales: por necesidades políticas (matrimonios arreglados); espirituales (el amor cortés), por una moral que es superada por la realidad (revolución sexual del siglo XX). Ahora, como bien dices, vivimos una sexualidad light y pornografizada. Sería bueno ponernos a pensar cómo diablos llegamos hasta aquí.

    En fin, saludos!

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