martes

Crónica de un viaje a tropezones (Cap. 1 Ponche para pendejos)

R. me había invitado a dar un paseo por sus rumbos en el maravilloso estado de Chiapas de ahí pasaríamos a Cd. Guatemala para llegar a San Salvador un día después. No estaba completamente seguro de ir, no tenía el dinero preparado y no había tramitado mi pasaporte. Después de pensarlo (no mucho realmente) me decidí. Sería la primera vez que dejaría tierras mexicanas para adentrarme en "el resto del mundo" o al menos parte de él. Me sentía como un personaje de Age of Empires expandiendo su conocimiento del mapa, luchando contra esa misteriosa oscuridad que lo rodeaba todo, avanzando paso a paso.

No recuerdo qué estábamos haciendo pero un día antes me encontraba en casa de S. sin maletas y dinero listos. Recién volvía de haber comprado mi boleto de ida (México-Tuxtla). Afiné los últimos detalles con R. para encontrarnos en Tuxtla y con L. para encontrarnos en Cd. Guatemala, L. me encargó algunas playeras que sólo se consiguen por estas latitudes. La noche fue larga y frita en casa de S.

Al día siguiente:

3:00, corría rumbo a casa para prepararlo todo. Apresuré el paso pues el camión salía a las 6.

5:15, apenas salía de mi casa con algo similar a la maleta que debí llevar.

5:40, me detuve en el puesto de playeras que cerraba. Ante la negativa del dueño de venderme cualquier cosa empleé la vieja táctica: Por favor, por favor, por favor ( ojos llorosos, cuerpo temblando, manos con las palmas juntas y rodillas en el suelo) La asistente se apiadó de mí y me ayudó a insistirle . El grandilocuentísimohijodeputa del dueño accedió a venderme las susodichas playeras pero sólo y sólo si iba a la bodega por ellas. Acompañé a la asistente hasta la bodega ubicada a unas cuadras de ahí en una vecindad, todo esto en el corazón de la ciudad. Salí de ahí cagando leches, con las suelas encendidas y deseando que mi reloj estuviese un poco adelantado.

6:15 Atropellado trayecto hasta el camión. Miles de personas cerraban sus negocios para dirigirse a casa. Sobra decir que la velocidad del tráfico en las calles, tanto en la acera como en las vialidades, era parecido a avena con poca agua escurriendo de una cuchara. Un altar a San Judas Tadeo frente a otro dedicado a la Santa Muerte. A un lado, en la iglesia, se oficia misa. Comienza a oscurecer, corro y se caen las playeras. Me percató de ello después de que media merced me grita, regresó a recogerlas.

6:30 Mi autobús se fue hace quince minutos, le preguntó al tipo que me vendió los boletos si me puede cambiar el boleto. No contesta. Le pregunto al mismo tipo si hay posibilidad de subir a otro autobús con ese boleto. No contesta. Exasperado le pregunto si hay reembolso. No contesta. Descubro que es una puta estatua de cera viviente, me paro frente a él y le repito las preguntas. No. No. No.

6:45 Es la ultima salida de esa empresa y no consigo boleto. Preguntó en otra. El pasaje es más caro pero igual sería tonto regresar a casa con la maleta hecha. Le pagó al tipo y me anota en una lista.

7:00 Muchas personas esperan aquel camión. Comerciantes menores, familias que regresan al estado después de la navidad. Algunos niños juegan en el parque frente a los camiones. Me acerco a un puesto de tacos improvisado sobre un carro de supermercado. Tardó 5 minutos en que la señora que lo atiende se dé cuenta de mi presencia, otros 10 en que al fin me tome la orden, otros 10 en recibir mi pedido. Un taco de bisteck y un ponche. Voy a sentarme en una de las jardineras del parque, tomo un sorbo del ponche. Sabe a algo parecido al aserrín pero con frutas.

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