sábado

leyendo poesía en voz alta...

Después de un verano sumamente extraño, lleno de cambios radicales en mi vida, regresare(mos) a la escuela. !Guácatelas¡ todo mi tiempo libre está apunto de ser devorado nuevamente. Sólo pensar en ello me marea, nunca me he podido creer eso de "soy estudiante de letras", me causa conflicto lo que "implica"; nunca he podido ponerme en ese papel tan cómodamente como varios de mis compañeros, no digo que esté mal es sólo que me da tanta, tantísima hueva ese look a la "yo leo" y esa actitud parecida a la conmiseración que tienen con los demás que no "exploran los recovecos del ser". En realidad no es exclusivo de las carreras humanísticas esa horrible actitud frente a los demás. Sentirse más que los demás o en una posición ventajosa frente a todos sólo por estudiar lo que uno estudia es como el patriotismo y ese tipo de ideas que nos venden la horrenda idea de siempre pertenecer al mejor de los grupos, irle al mejor equipo, estar en la mejor universidad, en la mejor carrera, en el país más chingon, lo que quieran.

Ya me salí del tema un poquito(Jaime me enseña su tercer pezón y dice: claro que es un tercer pezón, tú que sabes exitar pezones hazle y vas a ver, mira)

El punto es que todas estas quesque reflexiones me han llevado a querer escribir sobre uno de los clásicos del estudiante promedio de letras que más odio y seguiré odiando: la forma en que se lee poesía en voz alta.

Antes de empezar aclaro que no busco cambiar la vida de nadie ni hacer una reforma ni nada por el estilo, sólo descargar mis frustradas, subjetivas y parciales opiniones y ,¿por qué no? prejuicios.

En primer lugar la gran mayoría de nosotros escribe o tiene pretensiones literarias. Después viene la horrible sacralización de la figura poética, por que los poetas son una especie aparte, ellos nacieron con un sexto sentido que les permite captar el inefable lenguaje de los elementos metafísicos y transformarlo al lenguaje de los mortales. En lo personal encuentro esta idea tan común hasta nuestros días como una reverendísima mamada. Nada hay en un poeta que pueda o deba ser ajeno al resto de la humanidad, de otra manera ¿cómo sería posible llegar a una comunicación remotamente efectiva?

Esta sacralización viene acompañada de una serie de costumbres nefastas en el aspirante a poeta. Estos vicios pendejos ayudan a la construcción de estereotipos diseñados desde la ignorancia que tristemente funcionan. Porque lo triste de los estereotipos no es que existan si no que haya personas capaces de ejemplificarlos ayudando a su perpetuación. Mirar al horizonte con mirada triste, decir frases profundas y "llenas de significado" en contextos cualquiera, recitar versos al aire, lucir como poeta, hablar como poeta, pensar como poeta. ¿Hace cuánto se combate eso desde la propia poesía? !Más Nicanores Parras y menos Vicentes Huidobros¡

La lectura de poesía en voz alta es sana. Es nutritivo y cautivante escuchar palabras hermosas, ideas reveladoras para variar. Yo estoy peleado con la forma, ese arrastrar las palabras solemnemente como creyendo letra por letra la verdad inexorable y sacra que nos dictan, ese tonito monótono y muerto para declamar algo tan vivo como si la poesía no pudiera gritarse; ese respeto crédulo, tan quisquilloso en cada sílaba, esa certeza tan soberbia que dice cómo es el mundo.

1 comentario:

  1. Si trataran a la poesía como quieres sus vidas no tendrían sentido y nadie puede lidiar con eso. El pedestal del hombre creador les da autoestima y debes saber por la cantidad de libros que hablan al respecto que eso es invaluable.
    El estereotipo se inventa para no tener que pasar por el proceso de autocreación del indiviuo.
    Yo tampoco quiero entrar.

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